¿Logras mantener la concentración en tu trabajo, o tu mente vuela más que las moscas?

Lograr la concentración es alcanzar un estado mental absolutamente necesario para todo trabajador del conocimiento si quiere realizar bien, con calidad y en condiciones su trabajo. Todavía no me he encontrado ninguna persona, y ya llevo bastantes años dedicándome al mundo de la productividad personal, que no me haya afirmado de manera categórica y tajante que, para desarrollar, su trabajo no necesite en algún momento de su día  de una concentración plena en lo que está haciendo.

Todas estas personas que sienten y saben que necesitan concentrarse para su trabajo tienen un enemigo en común.  Son los continuos  estímulos que reciben del exterior y que no paran de llegar a lo largo del día, estemos donde estemos: en nuestro trabajo, en nuestra casa o disfrutando de nuestros aficiones, nos llegan.

En un reciente artículo sobre las interrupciones decía que “…trabajo, es aquello que hacemos, en ocasiones, entre dos interrupciones”. Lo mismo podríamos decir de las distracciones. En mi opinión es acertado afirmar que trabajar concentrado es aquello que hacemos entre dos distracciones, y si éstas son frecuentes nos impedirán conseguir la concentración necesaria para hacer en condiciones ese trabajo.

Hoy en día la inmediatez, los cambios constantes y la incertidumbre se han convertido en norma para definir el trabajo, y sobre todo, las dos primeras características nos llenan de distracciones toda nuestra jornada.

El teléfono con el que somos tan accesibles, nos puede sonar prácticamente en cualquier minuto de los 1.440 que tiene un día.

Echar un vistazo al correo electrónico, mejor dicho, mirarlo cada cinco minutos.

El sonido que nos avisa que nos ha entrado un nuevo WhatsApp; donde antes solo recibíamos mensajes de nuestros círculos más cercanos, se ha extendido su uso y ahora también nos bombardean  nuestros jefes, nuestros compañeros, los clientes con sus problemas, o los proveedores con sus ofertas, y no para en todo el día.

Y pensemos también en el efecto que tiene una de las fuentes más ignoradas de distracciones y que nos las provocan constantemente. Me refiero al propio desorden que tenemos a nuestro alrededor. Esa mesa llena de papeles, de expedientes, de temas sin finalizar o incluso de temas que ni tan siquiera hemos empezado a mirar. Lo mismo pasa en nuestros armarios, cajones y estanterías, que almacenan montones de compromisos sin completar. Esas pantallas de ordenador llena de iconos sin orden, donde nos cuesta encontrar cosas que sabemos están pendientes de solucionar. Todas estas cosa pendientes irán apareciendo por nuestra cabeza como distracciones cuando más inoportunas sean, sustrayendo nuestra atención  de aquello que estábamos tratando de realizar.

Es difícil trabajar concentrado, bien y relajado con todo esto saltando de manera contundente e ininterrumpida por nuestra cabeza.

Nunca llegarás a tu destino si te paras a tirar piedras a cada perro que ladra”. Winston Churchill

Podríamos pensar que de igual manera que actuamos con las interrupciones, ya que una distracción en nuestra concentración no deja de ser más que una interrupción en nuestra mente, sería bueno intentarlo con éstas: poner suficientes obstáculos, es decir, cerrar las puertas por donde entran para que no lleguen.

Sin embargo, con las distracciones que nos provocan pérdida de concentración no es tan sencillo. Lo comenta el neurocientífico Daniel Levitin en su libro “La mente organizada”.

Según este científico, la aparición de nuevos estímulos provoca que el cerebro libere dopamina. La segregación de este neurotransmisor hace que nos sintamos bien. También la segregamos cuando hacemos deporte, consumimos drogas, tenemos relaciones sexuales o en general cuando hacemos cosas que nos gustan. De la misma forma,  recibir estímulos a través de la pantalla de nuestro ordenador, de nuestro tablet o de nuestro teléfono inteligente causa el mismo efecto y nuestro cerebro también libera dopamina.

Este efecto ocasiona una especie de retroalimentación, podríamos decir que es como la pescadilla que se muerde la cola, ya que sentimos una gratificación por dejar de concentrarnos. Lo que nos lleva, a su vez, a buscar inconscientemente nuevos estímulos que nos vuelvan a distraer. Es la razón por la que siempre estamos dispuestos a dejar que nuestra cabeza cambie de foco, a pesar de que no queramos y de que sepamos las consecuencias de esta manera de actuar.

Todo esto nos lleva por el camino de la falta de atención o de la dificultad para concentrarse en una sola tarea. La consecuencia de este continuo bombardeo es la imposibilidad de abstraerse del mundo que nos rodea para hacer algo concreto. El resultado es que, estemos haciendo lo que estemos haciendo, nos distraemos. No importa lo significativo que sea para nuestros planes o para los objetivos de la empresa.

Un estudio realizado por la Universidad de California señala que un trabajador del conocimiento empieza una tarea cada 11 minutos. Esto, que en un principio podría dar imagen  de una persona muy trabajadora, esconde otra realidad. El 57% de las tareas que se inician se dejan sin concluir porque el trabajador se distrae con algo nuevo que le llega. Lo que indica una incapacidad latente para concentrarse en una sola tarea pero, además, revela dificultad a la hora de establecer la más mínima prioridad.

La distracción es la madre de los errores”. Carlos Pinilla

Pero esto no solo ocurre en el trabajo, continúa en muchas ocasiones en casa donde, a la vez que cenamos, desayunamos, jugamos con nuestros hijos, leemos el periódico o vemos la televisión, atendemos nuestro Smartphone, o el aparato que sea, en busca de cualquier estímulo camuflado como información o evasión de nuestras preocupaciones. Esto es tremendo, como he comentado en más de una ocasión, para la productividad, la efectividad, los resultados, para la persona, incluso para su salud física y mental.

Porque estas consecuencias las notamos. Paradójicamente somos más infelices y nos sentimos peor, a pesar de las bondades de la dopamina,  cuando nuestra mente vaga de un lugar para otro, de distracción en distracción, que cuando conscientemente sabemos y sentimos que tenemos la mente centrada en el aquí y el ahora, en lo que debemos de hacer.

En GTD hablamos de estar en la zona como una manera óptima de trabajar. ¿Qué significa estar en la zona? Decimos que estamos en la zona cuando sólo tenemos una cosa en la mente, cuando estamos concentrados en ella  sin distracciones y no nos damos cuenta ni de que estamos trabajando en ello.

¡Qué bueno es trabajar en tu zona, centrado en una cosa, sin nada que te distraiga, con la atención y la totalidad de tu capacidad en ese momento, centrada en un solo trabajo! Deja que las moscas  salgan de tu cabeza, deja de tener una cabeza errante y esfuérzate por tener una cabeza concentrada en lo que te importe. Te sentirás bien, mucho mejor que con la dopamina.

 

José Ignacio Azkue

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