7 actitudes de los jefes que hunden la productividad de los empleados

No tengo ninguna duda de que cualquier jefe o directivo que tenga personas a su cargo o bajo su responsabilidad tiene como una de sus prioridades el que sus subordinados trabajen con la mayor productividad posible.

Paradójicamente uno de los mayores boicoteadores del trabajo de los demás pueden llegar a ser los propios jefes, que, seguramente, sin ser conscientes de ello, son capaces de provocar continuas distracciones, interrupciones e incluso cambios en los planes de trabajo que tenían sus trabajadores y, si esto ocurre, su productividad puede verse mermada.

Veamos unas maneras de pensar y de actuar que repercuten negativamente en el trabajo y en la productividad de estos trabajadores.

  • Cuando un jefe piensa y cree que su trabajo está por encima del de todos sus subordinados y se dedica a interrumpirlos y a romper su concentración

Es muy típico —al menos así me lo comentan muchas personas en mis seminarios— que a un trabajador se le obligue a dejar de lado el trabajo que estaba realizando para dedicarse a atender una petición repentina de su jefe. Nadie duda de que el trabajo de un jefe sea importante, pero, cuando esta persona actúa así, desprecia e ignora la importancia del trabajo de sus subordinados y le aboca a una pérdida de productividad.

Las interrupciones son el mayor enemigo de la productividad, como ya he afirmado en muchas ocasiones. Interrumpir a una persona mientras está haciendo un trabajo supone, acumulando cada interrupción, un coste económico muy importante para la empresa, pero aún mayor es el coste de oportunidad perdida.

Hay que aprender a respetar el trabajo de los demás y a evitar, en lo posible, actuaciones que llevan a romper la concentración o a abandonar un trabajo en curso para atender las necesidades de otra persona.

  • Carecer de responsabilidad o autoridad para tomar decisiones

Esto se da cuando la autoridad y responsabilidad de un equipo recae solamente en un jefe que no sabe o no quiere delegar y, por tanto, al que hay que consultar cada vez que se tenga que tomar una decisión, incluso con los más nimios detalles. En esta situación, esta falta de reconocimiento de una cierta autoridad y responsabilidad hacia los subordinados puede suponer un freno importante para el avance de cualquier proyecto.

Además, es muy posible que muchos buenos trabajadores terminen por verse infravalorados, porque sienten que su creatividad y su autonomía están siendo frenadas o cortadas sin sentido y, por tanto, que no pueden desarrollarla. Con esta actitud, un jefe puede terminar por desmotivar a sus trabajadores y hacerles perder las ganas de aportar ideas para el trabajo que tengan que realizar.

  • El abuso de reuniones, sobre todo, cuando son improductivas

Aunque las reuniones son una buena herramienta de comunicación y de seguimiento de los procesos en los que está involucrado cualquier equipo, el abuso de ellas puede terminar por crear un clima adverso para su celebración.

Está muy de moda, en algunos organismos, el celebrar reuniones periódicas, como son las reuniones semanales de seguimiento (del tema que sea), a las que se acude por inercia, sin ganas y sin verdaderos motivos por los que acudir.

Las reuniones nunca se deben de celebrar por defecto o por costumbre. Para reunirse es necesario que haya una verdadera necesidad o un buen motivo y que se persiga, a través de ella, obtener un resultado que hasta entonces no existía; en caso contrario, es muy probable que su celebración sobre, y lo que es peor, que afecte negativamente a la productividad de los asistentes.

  • No transmitir con claridad los objetivos que se tratan de alcanzar

Un gran error para un jefe es no comunicar qué se quiere lograr en la organización o, incluso, en los proyectos en los que se está trabajando. Cuando un trabajador no sabe a dónde se quiere llegar, difícilmente podrá saber en qué medida se está logrando, con su trabajo, alcanzar una meta. Tampoco sabrá si le falta mucho por llegar y, tal vez, intuya que se desvía o que no está acertando a través de los comentarios negativos o posibles broncas que reciba de su jefe.

  • Crear un mal clima en la empresa

El miedo y los controles rígidos no conducen, en muchas ocasiones, a nada más que a cortar las ideas y las aportaciones de los trabajadores por temor a ser descalificados e incluso rechazados.

Un líder debe ser respetado, no temido. Si un trabajador tiene que pasar buena parte de su jornada trabajando y lo hace en un ambiente de miedo y crispación, sus resultados no serán los óptimos. Se trabaja mejor en un ambienta amable, de libertad creativa y de actuación que en otro donde el miedo o las malas relaciones estén presentes.

  • Despreocuparse de la formación de los empleados

Está demostrado que aquellas empresas o jefes que se preocupan por la formación de sus empleados y de que sus competencias y habilidades estén actualizadas tienen mejores resultados. Un profesional que sea consciente de que se invierte en su formación tendrá, seguramente, una mejor actitud y expectativas mucho más positivas que en el caso contrario, lo que repercutirá en el trabajo que desarrolle.

La formación nunca debe ser considerada como un gasto, sino como una buena inversión, tampoco se debe forzar al trabajador para que la reciba, se debe dar la posibilidad de que, siempre, pueda tomarla de manera voluntaria.

  • No permitir la flexibilidad horaria ni el teletrabajo

En más de una ocasión he argumentado a favor de estas dos opciones en mis artículos, pues he llegado a esta conclusión a través de lo que me han contado personas que han asistido a mis seminarios y que practican esta manera de trabajar. Estos trabajadores se sienten reconocidos, valorados y respetados, así como su trabajo y su decisión sobre cómo llevarlo a cabo cuando se les permite trabajar desde casa o se confía en que realizarán sus obligaciones en un horario no restringido.

Como ves, puede haber dentro de las organizaciones modos de pensar y actuar trasnochados que, seguro, terminan por menoscabar la productividad de muchos profesionales. Trata de identificar, si eres un jefe, si con actitudes e ideas como las que he descrito estás afectando al trabajo de tus colaboradores. Seguro que si emprendes acciones para rectificar estás situaciones, los resultados cambiarán a mejor y, probablemente, todo se volverá más fácil y mejor en tu empresa.

 

 

José Ignacio Azkue

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