Carecer de unos principios productivos nos puede llevar por el camino del desastre

Es evidente que la mayoría de las personas tienen unos principios sólidos, aunque en esto también como en todo hay excepciones, que dependerán de las ideas de cada uno, y que sirven para dar un sentido coherente a la diversidad de áreas que componen su vida tanto profesional como privada.

Sin embargo, cuando se habla de emprender las acciones que surgen de estas áreas, en la mayoría de los casos, los que fallan son los principios sólidos que serían necesarios tener para gestionarlas correctamente, y esto lleva directamente, a cualquiera, por el camino de la inefectividad, o dicho de otra manera por el camino del desastre.

A cualquier directivo, profesional o responsable de área le gustaría poder instaurar, para ellos mismos y su equipo, unos estándares que se basaran en principios sencillos pero sólidos que permitiesen instaurar una forma de actuar impecable y efectiva y que diera solución a lo que cada día enfrentan en su trabajo o en su vida, aspectos que lo sabotean casi todo de manera implacable, tanto en su caso como en el de sus subordinados. Leer más

Quiero aumentar mi productividad. ¿Qué debo hacer?

Es muy fácil que, en los tiempos que corren, donde lo habitual es vivir cabalgando entre las prisas y la creencia de que no podremos llegar a todo, nos sintamos desmoralizados. Y que, en consecuencia, nuestros pensamientos sean de vulnerabilidad y de impotencia ante el caos que nos rodea y que no controlamos.

Puede que, ante esta situación, llegue un instante en que te pares a pensar por un momento: “debo aumentar o mejorar mi productividad”, “tengo que cambiar porque así no se puede seguir”.

Y tal vez tengas razón. Puede que identifiques ciertas deficiencias en tu forma de gestionar tu trabajo y el resto de tus cosas, como también lo es que sientas que las horas no rinden lo que consideras adecuado y, como consecuencia de todo ello, ves que pasan los días y que los resultados que pretendías alcanzar no llegan como deberían. Leer más

La importancia de gestionar correctamente nuestra atención

Podemos decir que la atención es aquella cualidad perceptiva que actúa como filtro ante diferentes estímulos ambientales. Y, en productividad, tiene mucha importancia ya que, gracias a ella, podemos evaluar estos estímulos y dar prioridad a los que consideremos más relevantes.

Puedo caminar automáticamente, sin ser consciente de que lo estoy haciendo, mientras mantengo fija la atención en las palabras de mi acompañante, hasta que el frenazo de un coche me “obliga” a dirigirla hacia el sonido chirriante que acabo de oír. En ese momento, la figura del coche destacará sobre el resto de las imágenes y estímulos, y seré capaz de entregarle al frenazo una gran parte de mi energía mental. Y allí la mantendré hasta que decida sobre la relevancia que tiene, para mí, lo que acaba de captar mi atención. Leer más

Tu diálogo interno condiciona tus resultados

Si queremos mejorar nuestra productividad, nuestra manera de trabajar, si queremos ser más efectivos en cualquier aspecto de nuestra vida, tendremos que realizar, sin duda, algunos cambios. Las modificaciones, los giros, pueden tener diferentes calados en nuestra vida. Algunos tocarán nuestros hábitos, otros nuestras creencias, incluso tendremos que procurar modificar el modo de hablar con nosotros mismos.

Nuestras creencias conforman la visión a través de la cual percibimos lo que nos rodea. Esto nos lleva a que nuestros pensamientos, las conclusiones que saquemos a través de ellos, y la forma en la que dialoguemos con nosotros mismos, nos pueden llevar por el camino del éxito o al del fracaso. Todo depende de cómo sea nuestro diálogo interno, y éste sólo depende de cada cual.

La conexión que se da entre las palabras, las emociones y las acciones es evidente. Nuestros pensamientos dan sentido y forma a todo lo que ocurre a nuestro alrededor de forma que los traducimos, los expresamos e interpretamos mediante la palabra. Leer más

¿Puede el tiempo libre llegar a ser un estímulo para el profesional?

La velocidad a la que vivimos hoy en día hace muy difícil encontrar un equilibrio a gusto de todos entre las horas de trabajo y el tiempo libre. Se trabaja, por lo general, muchas horas y, además, siempre está ahí latente la disponibilidad casi permanente de las personas más allá de su estricto horario laboral, por lo que la sensación de trabajo continuo y desmedido crece entre las personas de manera exponencial.

El problema ha alcanzado tal magnitud que desde hace ya unos cuantos años se viene utilizando el término workaholic. Mediante el uso de tal término inglés, se viene a denominar a la persona que, se comporta como adicta al trabajo, y se trata de crear con ella, cierta similitud con la dependencia del alcohol, o alcoholismo.

Hace ya unos años, en un estudio publicado en la revista Psicothema, se argumentaba acerca del peligro que significa para los profesionales trabajar más de 12 horas al día. Según este estudio, trabajar tantas horas es el camino directo a la adicción al trabajo. Para entonces, ya lo sufrían más del 8% de los españoles. Leer más