¿Qué ocurre con tus ideas?, ¿por qué no las alcanzas?, ¿sabes qué tienes que hacer para convertirlas en algo realizable?

Dicen que los sueños y las ideas dejan de serlo cuando se convierten en objetivos, para luego transformarse en acciones. Pasan de la indefinición, a ser algo concreto y alcanzable. Pero tú ¿llevas a la práctica tus ideas, cumples tus sueños?, ¿qué ocurre con lo que pasa por tu cabeza?, ¿al final lo conviertes en realidad o, por el contrario, van al limbo de lo olvidado?

Podríamos hacer muchas más preguntas. Por lo general y con las personas que trato en mis seminarios, veo con demasiada frecuencia que sus sueños e ideas se pierden, no se cumplen, hasta que se les explica cómo llevarlos a la práctica.

El grave error que se comete es tratar de mantenerlos en nuestra cabeza. Debemos ser conscientes que nuestra mente no está diseñada para trabajar de esta manera. Todos sabemos que tenemos grandes ideas. Aparecen, permanecen en nuestra mente unos instantes, pero que de repente, pasan de nuestra cabeza al olvido más profundo y desaparecen para siempre.

¿Qué ha pasado? Muy sencillo, lo hemos olvidado. Esa idea, ese sueño que teníamos, ya no lo realizaremos. Ha pasado a engrosar esa interminable lista de cosas que podríamos haber hecho pero que nunca haremos.

¿Qué deberíamos haber hecho? Muy sencillo, cada vez que se me ocurre algo, me debo asegurar que lo registro adecuadamente. Fuera de mi cabeza, en mi sistema de captura, para luego darle sentido y ocuparme de ello más tarde, cuando lo considere oportuno.

También puede ocurrir que decida desecharlo, porque no me interesa o porque no lo considero oportuno. Bien, perfecto, pero si tengo este hábito productivo adquirido, me aseguro de no olvidar otras muchos cosas que si voy a cumplir.

El siguiente reto es llevarlo a la práctica. En muchas ocasiones no sabemos ni por dónde empezar. Se nos hace demasiado grande, complicado, en muchos casos hasta abstracto y nos paralizamos.

Para solucionar este problema debemos redefinir nuestra idea, nuestro sueño. Deben cumplir unos requisitos.

Deben ser:

Específicos. Es decir claros sobre qué, dónde, cuándo y cómo vamos a realizar algo.

Medibles. Dicen que lo que no es medible, no existe. Debemos poder cuantificar para comprobar posibles desvíos y tomar medidas correctoras.

Alcanzables. Si no es posible lograrlo, ¿para qué lo vamos a intentar?. No perdamos ni oportunidades ni energías, en cosas no realizables.

Retadores. Tenemos que tratar de ser ambiciosos, pero con los pies en el suelo. Querer lograr algo que nos motive, pero al mismo tiempo que sepamos que es algo real, que no son meros castillos en el aire.

Tiempo. Se deben establecer unos plazos, deben de tener un principio y un final a lo largo del tiempo, es decir, se definirá el tiempo en que debamos cumplir o lograr la idea.

En más de una ocasión he oído a una persona un dicho que encierra una gran verdad: Más vale lápiz pequeño, que cabeza grande.

Tú ¿cómo lo haces?. ¿Apuntas tus ideas para realizarlas o corres el peligro de olvidarlas porque no las apuntas?, ¿qué utilizas?, ¿cabeza grande o lápiz pequeño?

José Ignacio Azkue

 

 

1 comentario

Trackbacks y pingbacks

  1. […] Olvidos, olvidos, olvidos. Se nos olvidan las cosas que tenemos que hacer y no vemos cómo solucionar esta desagradable situación. En algún artículo hemos tratado de explicar la importancia de apuntar todo, incluso citábamos una frase que decía: más vale lápiz corto que memoria larga. […]

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *