“Hay que mejorar la productividad del trabajador del conocimiento”

Entrevista realizada por Marieta Vargas para el Diario Expansión

ENTREVISTA JOSÉ IGNACIO AZKUE Especialista en productividad personal / El exceso de trabajo viene muchas veces motivado por la asunción de compromisos que no se pueden atender, según este experto que recomienda hacer lo mejor en cada momento.

 

M. Vargas. Vitoria

La productividad personal es un concepto que se basa en elegir bien una tarea y realizarla de principio a fin. Aunque puede parecer evidente, lo cierto es que el ritmo de trabajo, las nuevas tecnologías y las interrupciones a las que se ve sometido un trabajador hacen que la mayoría de las veces no se cumpla. Por ello, el experto José Ignacio Azkue, aconseja aplicar técnicas que permitan optar con objetividad por lo que realmente es importante en cada momento.

¿Cree que se confunde el término productividad con el del trabajo presencial?

Se suele confundir la productividad del trabajador manual con la del trabajador de conocimiento, que es a la que me dedico, y efectivamente, esto no va de meter muchas horas. Es hacer en cada momento lo mejor que puedas hacer en ese momento. Se sigue pensando en el trabajo del siglo XX y las empresas no se han adaptado.

¿No cree que la industria vasca ha demostrado su productividad?

Euskadi tiene un tejido industrial impresionante, y ha hecho inversiones en el tejido productivo, pero falta el esfuerzo de mejorar la productividad del trabajador del conocimiento. Ahí es donde cojeamos, pero como todo el mundo. El paradigma ha cambiado, antes había cien personas en producción y ocho en las oficinas, y ahora es al revés. Y además, ha llegado la inmediatez y tenemos el correo electrónico que nos ha invadido.

¿Pero es una herramienta que ha mejorado la comunicación?

Sí, pero se gestiona mal. La mayor parte de los trabajadores está todo el día colgado del correo electrónico. Cada vez que entra uno, les produce una interrupción y pierden el foco de lo que estaban haciendo. Está demostrado que si te interrumpen tienes muchas posibilidades de dejar lo que estabas haciendo y centrar tu foco en lo nuevo que te ha llegado.

¿Es ahí donde se pierde productividad?

Efectivamente. Tengo hecho un pequeño estudio que demuestra que una persona en una hora de trabajo de cierta concentración, si le interrumpen seis veces durante cinco minutos cada vez, es el equivalente a perder 15 días. Esto, multiplicado por todos los trabajadores es un dineral. Las empresas lo tienen asumido, porque lo paga el cliente, pero el coste oportunidad no lo contemplan, y viene a ser todo lo que se podría haber hecho en ese tiempo que se ha perdido.

¿Dónde radica el secreto de la productividad?

Se basa en dos ideas muy simples: elegir bien tu próxima tarea y hacerla bien. Y eso es empezar, hacer y terminar, cosa que raramente se consigue. Elegir bien es muy difícil porque si tienes más trabajo del que puedes hacer -y esa es la sensación que tiene todo el mundo-, eliges de manera caprichosa. Es decir, optamos por lo que va a ser más fácil de hacer o lo que nos gusta más, no por un criterio profesional.

¿Es real esa percepción de exceso de carga de trabajo?

Sí. Porque actuamos en base a nuestros hábitos y nuestras creencias. Nos han educado en que tenemos que colaborar y cuando nos piden algo decimos que sí. Vamos adquiriendo compromisos que cargan la mochila porque no tenemos técnicas para pensar con objetividad, ya que si tienes más tareas que tiempo, algo habrá que rechazar. No puede ser que dejemos de hacer nuestras prioridades por hacer trivialidades, que son requerimientos de otros. Y eso es lo que abunda. Me piden tantas cosas que no llego.

Siempre hay que responder ante un superior o un consejo de administración…

Pero es que los jefes también son improductivos. Ellos tienen prioridades y las escalan hacia abajo y piensan que todo el mundo se tiene que detener y ponerse a sus órdenes y caprichos. No digo que la otra persona se niegue hacerlo, pero que haya un entente. Hay que cambiar los conceptos.

¿Hay culturas más productivas que otras?

No es tanto eso, sino que hay algunas culturas que, ciertos aspectos que interfieren en la productividad, los tienen mejor que nosotros. Para mí, los tres enemigos de la productividad son el correo electrónico, las interrupciones y las reuniones no productivas. En España estas son una asignatura pendiente, mientras que en otros países las controlan mejor. Pero la inmediatez está extendida a nivel mundial.

¿La implantación del registro de jornadas mejora la productividad?

Me parece bien esta medida. Soy enemigo absoluto de las horas extras porque está demostrado que a partir de determinadas horas la productividad de las personas decae drásticamente. Si una persona por un hecho puntual tiene que trabajar 25 horas al día, no pasa nada. Pero trabajar porque el jefe se ha quedado, me parece fatal.

¿Y las jornadas laborales a la carta?

La flexibilidad afecta positivamente a la productividad porque el trabajador puede adaptar sus necesidades a su trabajo real. También me parece productivo que la gente pueda trabaja, de manera ocasional, desde casa. Hay un gran miedo de que en casa puedes tener distraerte, pero donde están las verdaderas distracciones es en la empresa: los jefes, los compañeros y el correo electrónico.

 

Pie de foto: Azkue no es partidario de las horas extras “porque la productividad decae a partir de determinadas horas”.

“En España, las reuniones no productivas son una asignatura pendiente”

“El paradigma ha cambiado, antes había cien personas en producción y ocho en las oficinas, y ahora es al revés”

“La mayor parte de los trabajadores está todo el día colgado del correo electrónico”

“Si tenemos más tareas que tiempo, algo habrá que rechazar”

 

Vacaciones sin e-mail ni móvil

Para José Ignacio Azkue, el concepto de trabajo que tiene una persona productiva “no es algo desagradable por lo que me pagan para poder hacer frente a la hipoteca. Sino que es todo compromiso que aceptas”. Azkue se refiere tanto a organizar una fiesta familiar como a preparar un presupuesto para un cliente o planificar las vacaciones. “Yo las veo como parte del trabajo, en la que tienes que recargar las pilas. Vas a hacer una serie de actividades que también tienes que gestionar, lo que no significa que no se pueda improvisar”. Por ello, el experto aconseja prepararse para afrontar el periodo de descanso. “Diez días antes hay que empezar a decir no a ciertas cosas, para no desbordarse y poder irse con tranquilidad”. Una vez comenzadas las vacaciones es obligatorio olvidarse del móvil y del correo electrónico. “Hay que resetear para volver con ganas”.

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