¿Por qué los objetivos de comienzo de año terminan fracasando en tantos casos?

El tema de los objetivos, incluso en los blogs de productividad, es algo recurrente durante estas fechas en que comienza un nuevo año. Son momentos en los que, algunos, aprovechamos para definir con ilusión y esperanza unos hitos que queremos alcanzar, que nos permiten tener muy claro lo que queremos perseguir, y que, además, nos ayudan cada día a elegir alguna o algunas tareas para hacer que nos acercarán a ese fin según las vayamos completando.

Muchas personas consideran que eso de detenerse a pensar sobre lo que debe o desea alcanzar en un futuro definido no resulta demasiado atractivo; por el contrario, es fácil que se sientan tentados o atraídos por la sensación de falsa libertad que sienten viviendo el día a día, dejándose llevar por el momento presente y sin poner su mirada en nada más que reaccionar a lo que surja en cada momento.

También es muy probable que lo que, en realidad, no les guste sea pararse a pensar. Tal vez sepan o intuyan que quieren conseguir algo, pero procrastinan, es decir, posponen irracionalmente la simple cuestión de detenerse a madurar lo que quieren conseguir y lo que tienen que hacer para lograrlo dedicándose, sin embargo, a improvisar día a día porque, en realidad, lo más duro les parece pararse a reflexionar sobre lo que se quiere lograr y lo que hay que hacer para llegar a esas metas.

Pero lo cierto es que tener uno o varios objetivos que te ayuden a elegir qué debes hacer, funciona mucho mejor y se obtienen resultados espectaculares.

Seguramente no te comprarías un billete de tren o de avión sin saber la hora de partida ni el destino al que te va a llevar. Tampoco deberías comenzar un año sin saber qué quieres conseguir o qué cosas quieres alcanzar.

 La principal causa por la que la gente no consigue lo que quiere es que no sabe lo que quiere” T. Harv Ecker.

Sin embargo, hay muchas personas (físicas o jurídicas, es decir, empresas) que se quejan de su situación, de su modo vida, de que están insatisfechas, de que no se sienten valoradas, de su trabajo. No están contentas, pero en realidad, no hacen nada para cambiar la tendencia, se sienten incapaces de perseguir algo, no se plantean objetivos y, si lo hacen, los abandonan a las primeras de cambio.

Por suerte, sobre todo para quienes no se ponen en marcha porque no se plantean nada, el simple hecho de aprender a fijarse unos objetivos y a encontrar los recursos necesarios para conseguir cualquier cosa que se propongan, es una habilidad que se puede desarrollar.

Aprender a hacerlo y llevarlo a cabo es, en mi opinión, una competencia, una cualidad que va a ser cada vez más imprescindible para toda persona en este mundo cambiante, donde hay que estar cada vez más al día en un montón de competencias, donde te espabilas o te pasan por encima, y todo esto, con independencia de si su foco lo ponen en la vida profesional, personal, familiar, social o en cualquier otra área de responsabilidad que tenga.

Hay personas que cuando quedan pocos días para finalizar el año o nada más comenzar éste, se proponen alcanzar unos objetivos: hacer deporte, dejar de fumar, bajar peso, hacer un master, mejorar el dominio de cierto idioma, definir unos objetivos profesionales y cumplirlos, cambiar de trabajo, desarrollar ciertas competencias, etc. El problema empieza cuando la fuerza de voluntad decae y se van abandonando los planteamientos que se habían hecho al comienzo del año. Esto frustra a cualquiera y termina siendo peor que no proponerse nada.

Sí, la voluntad va decayendo o bien porque no hay la suficiente precisión en las acciones a realizar o porque tampoco existe la suficiente claridad en lo que queremos lograr. Y, cuando esto ocurre, todo son excusas para no hacer nada: unas veces se está muy ocupado, otras hace mal tiempo; enseguida llegará la semana santa y, con ella, aparecerán otras excusas, hasta que por fin nos alcanza el verano para, después, dejar paso al otoño y terminar llegando a fin de año sin haber hecho casi nada.

¿Año tras año te pasa lo mismo o eres de los ni lo intentan? Te voy dar unas ideas para hacerte más fácil crear unos buenos objetivos que alcanzar.

  • Definir mal los objetivos, es decir, que no estén lo suficientemente claros o que no sean precisos.

Un deseo débil trae resultados débiles, de la misma manera que una pequeña cantidad de fuego crea poco calor” Napoleon Hill.

Para evitarlo debemos recurrir a definirlos de modo que cumplan los requisitos del modelo de objetivos S.M.A.R.T., por su acrónimo en inglés.

  1. Specific (Específico): el objetivo debe ser lo más concreto posible. Debe ser tan claro su enunciado que cualquier persona que lo vea, lea u oiga entienda y sepa exactamente qué es lo que pretendes hacer.
  2. Measurable (Medible): conocer cuantitativamente si has logrado lo que pretendías o, en su caso, cuáles son las desviaciones surgidas en torno a tu idea inicial, te permitirá, llegado el caso, tomar medidas correctoras. Para ello, en la definición, se ha de especificar algún parámetro que haga que pueda ser cuantificable.
  3. Attainable (Alcanzable): esto quiere decir que debe ser ambicioso pero que realmente pueda ser cumplido. También es conveniente ser conscientes de que podría darse la circunstancia de tener que reajustar los objetivos si hubiese cambios en el entorno que así lo aconsejasen.
  4. Realist (Realista): todo lo que te plantees debe estar dentro de tus posibilidades y, para ello, debes tener en cuenta de qué recursos dispones, sean humanos, de tiempo, económicos, materiales, etc.
  5. Time (Tiempo): hay que tener establecida una línea de temporal en la que se vaya desarrollando el objetivo, porque ésta constituirá uno de los factores más importantes para determinar si se ha cumplido o no el objetivo.

Si como objetivos a alcanzar defines que quieres adelgazar o vender más el año que viene no lo estás haciendo bien, ya que no cumplen las 5 condiciones de los objetivos S.M.A.R.T.

Muy diferente es plantearse “voy a adelgazar 3 kilos en 3 meses” o “voy a incrementar mis visitas a clientes un 15% este año”.

  • Enuncia tu objetivo en afirmativo y en positivo.

Debemos aprovechar la capacidad de focalización que tiene nuestro cerebro cuando deseamos de verdad una cosa. Si algo ocupa nuestros pensamientos de forma positiva, nos sentiremos atraídos hacia ella.

Seguro que sabes que una mujer, cuando queda embarazada, suele ver muchas mujeres embarazadas por la calle; es más, lo mismo le ocurre a su pareja. Otro tanto pasa cuando decides comprar un determinado modelo de coche: verás como, por arte de magia, más coches iguales al que tú tienes en mente. Y no es que haya más, es que tu cerebro está muy focalizado en ello y te mantiene atento a todo lo relacionado con esa idea, fenómeno que se denomina Sistema de Activación Reticular.

Esta capacidad de nuestro cerebro es un instrumento muy poderoso. Todo lo que veamos con claridad tendrá fuerza, y ello nos permitirá fluir en ese rumbo porque, subconscientemente, centraremos las energías en alinear nuestros esfuerzos hacia una determinada dirección.

  • Haz que todo dependa de ti.

Cuando nuestros objetivos dependen de otros, perdemos el control sobre una de las principales fuentes de motivación: los resultados.

Si te fijas como objetivo incrementar un 5% tus ventas, parte de los resultados estarán en manos de otros, en este caso los clientes, porque serán quienes, finalmente, decidan comprarte o no. Por lo tanto, no controlarás una parte muy importante para la consecución de tu objetivo.

Podrías definirlo, por ejemplo, como “incrementar tus visitas a clientes un 15% durante este año”

  • Define claramente un plan de acción.

Un objetivo, una meta, un blanco, sirven para determinar la acción de hoy y obtener el resultado de mañana”. Peter Drucker

Esta, tal vez, sea la parte más importante de todo el proceso. Un objetivo sin un plan de acción claro y definido tiene todas las posibilidades del mundo para quedar en nada, ya que si no tienes previamente una definición clara y concisa de las acciones que habrás de realizar, será muy difícil ponerte en marcha y aún más llegar al objetivo señalado; todo quedará en papel mojado.

Para evitarlo, utiliza una técnica tan sencilla como  “la lluvia de ideas”. Se trata de aclarar y definir qué tienes que hacer y cómo vas a llegar a conseguir el resultado que te has propuesto. Tendrás que pensar con detenimiento en las tareas que deberás ejecutar para conseguirlo.

Aprende a fijarte objetivos y da los pasos necesarios sobre las huellas que te he propuesto. Es un medio para garantizarte más posibilidades, que si no los das.

Ten en cuenta, también, que “imposible” es la palabra más peligrosa que podrías decirte si quieres alcanzar algo, y que la frase más negativa que podría rondar por tu cabeza es “no se puede”, ya que tu cerebro va a dar por zanjado un tema incluso antes de ponerse a pensar sobre ello. Tú mismo le estarás dando la orden de que no se esfuerce ni gaste energías en algo que, para él, ya no tiene sentido.

A pesar de todo esto, ni siempre es un buen momento para plantearte alcanzar algo, ni siempre se puede y, lo que es más importante, ni siempre se quiere hacer el esfuerzo necesario. Si realmente te encuentras en alguno de estos estados, no te sientas mal ni te culpes por ello; simplemente, asume la responsabilidad de decidir que no es el momento y olvídate, al menos por el ahora, de ese objetivo.

 

 

José Ignacio Azkue

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