¿Por qué nos cuesta tanto concentrarnos, no solo en trabajo, sino en cualquier otro momento del día?

Seguro que la merma que notas en esta capacidad, tan importante para tu productividad y tu trabajo, te preocupa. Y también estoy seguro de que cuando quieres concentrarte y no lo logras, terminas frustrándote y sintiéndote mal por esta causa. Sin embargo, si te dejas llevar por estos sentimientos, no lograrás solucionar el problema. La cuestión es que tienes que hacer algo y, en primer lugar, debes reflexionar sobre si de verdad te sientes capaz y con ánimos para intentarlo.

Además, si antes —en la antigua normalidad previa al coronavirus en la que vivíamos— te podría resultar difícil concentrarte, ahora es muy probable que intentarlo te resulte, prácticamente, una misión imposible.

Efectivamente, a las preocupaciones y dificultades que podíamos tener antaño tenemos que añadir las nuevas circunstancias que nos ha traído esta pandemia. El modo de trabajar ha vuelto a cambiar y, esta vez, el cambio, también ha sido a peor.

Es muy probable que la incertidumbre sobre tu trabajo, sobre la viabilidad de la empresa, el teletrabajo, la posible pérdida de clientes, tener que trabajar con mascarilla o tras una pantalla de protección, con miedo a que te contagies tú o que lo sufra alguna persona de tu familia o de tu entorno, no hagan más que complicar y dificultar tu capacidad de concentración.

Si, además, eres de esas personas que han tenido que trabajar desde casa, las dificultades habrán sido mayores, como es comprensible. No es fácil, en esta situación, rodeado de tu familia, compaginar y atender trabajo y vida familiar, ni mucho menos poder concentrarte.

Todos estos problemas se suman a la incertidumbre y la ansiedad con la que tratamos de sobrellevar el momento actual, y que solo nos conducen a estar más nerviosos, más preocupados, más desfocalizados, más descentrados y dispersos, lo que no favorece para nada la capacidad de concentración.

En este artículo que puedes leer en mi blog ya hablaba sobre las dificultades para concentrarnos en un entorno normal de trabajo. Si analizas tu situación, te darás cuenta de que, de alguna manera, sigues estando sobresaturado de información y que esta te llega a una velocidad que no te permite asimilar y digerir todo con la necesaria serenidad ni objetividad.

Debes tener en cuenta que la concentración pueda verse interferida, en gran medida, por estímulos externos que te cuesta controlar. Una serie de factores externos pueden dificultar que mantengas la concentración, desde el ruido ambiental, por trabajar en espacios compartidos, hasta las distracciones provocadas por el móvil o la tecnología, o los que puedas tener ahora si estás trabajando desde casa.

Pero también pueden afectar a la concentración aspectos internos de cada persona como, por ejemplo, cuando por falta de claridad sobre las prioridades se deja que la mente deambule de una tarea a otra sin atender, realmente, las prioridades o permitiendo que el cerebro dedique su atención de manera caprichosa, sin un criterio racional, a temas menores por razones que poco tienen que ver con la productividad y con los resultados.

Existe otro factor clave que creo que obedece más a criterios culturales que a criterios objetivos. Me refiero a que demasiados profesionales no están acostumbrados a trabajar por objetivos. Este factor que menciono lleva a muchas personas a tratar de emplear su tiempo de cualquier modo con tal de generar una falsa apariencia de estar ocupado y trabajar mucho, en vez de destinarlo a las verdaderas prioridades. En la mentalidad de estos profesionales es más importante el presentismo laboral que los resultados, lo que los lleva a un cansancio y a una desmotivación que les impide trabajar concentrados.

Para mejorar tu capacidad de concentración tendrás que volverte a fijar en lo que tantas veces he mencionado: tus hábitos. Empieza a analizar cómo están influyendo en tu trabajo y en tu concentración. Trata de observarlos para descubrir y comprender por qué motivos, cuando estás concentrado —o tratando de estarlo—, hay algo que aparece y rompe con ese estado. Intenta aclarar qué tendrías que hacer para que esa situación no se repita.

Pero también hay que vigilar lo que sucede fuera del trabajo. ¿Logras dormir y descansar las horas necesarias?, ¿te alimentas adecuadamente?, ¿eres capaz de controlar tus emociones negativas o las contrariedades?, ¿tienes espacios o hobbies donde desconectar y relajar tu mente?, ¿practicas algún tipo de deporte?

Tu capacidad de concentración tiene más que ver, en la mayoría de las ocasiones, con esas cosas que puedes hacer para evitar las posibles distracciones que te rodean, que con un supuesto esfuerzo mental en el que posibilitas que tu cerebro se centre exclusivamente en algo a lo que quieres dedicar plena y conscientemente tu atención.

Como puedes ver, estamos hablando de hábitos que hay que cambiar y esto requiere de un esfuerzo y de un tiempo para conseguirlo, aunque en algunos casos sea mínimo. Empieza observando esos hábitos que impiden tu concentración para poder cambiarlos poco a poco.

 

 

José Ignacio Azkue