Los horarios de trabajo que tenemos ¿son racionales?, ¿ayudan a nuestra productividad y efectividad?

Hace unos días participé en un debate en un programa de radio donde pude dar mi opinión sobre la racionalidad de los horarios de trabajo que tenemos en España y su repercusión para con la productividad,  la efectividad y  las consecuencias que estos horarios tienen en las personas.

Quedó claro en el debate que,  aunque se pretenda racionalizar los horarios a través de un “decreto ley”, esto no es posible, ni tiene la más mínima lógica, por las diferencias que existen entre los múltiples sectores que componen nuestra economía. Además, ya ha habido estos últimos años algunas pequeñas iniciativas en este sentido, en el ámbito legislativo, que han fracasado. O  como recientemente ha sugerido algún político, quien pretendía comprometerse para hacer algo al respecto.

Son muy claras estas diferencias y con tan sólo cuatro ejemplos lo podemos comprender; No pueden tener los mismos horarios en una empresa de fabricación industrial, en un bar, en un hospital o en un comercio. Se podrían dar muchos más ejemplos de disparidad de horarios, pero con estos cuatro vale. No se puede pretender, sin pasar por encima de la más elemental lógica, que los horarios de estos sectores deban ser iguales, pero nada impide que cada sector racionalice de alguna manera los suyos. Además, se puede dar, y de echo se daría, la circunstancia de que cambiando el horario de algún sector, esto produjera un efecto de tracción sobre otros sectores.

Por ejemplo, hoy los comercios cierran entre las 8 y 9 de la noche porque las empresas cierran entre 7 y 8 de la noche. Si estas últimas cerraran a las 5 de la tarde, los comercios podrían cerrar entre las 6 y las 7.

Nos cuestionamos nuestros horarios cuando nos comparamos con otros países europeos, ya que es palpable que existen diferencias con todos ellos. Cuando valoramos estas diferencias nos damos cuenta de que trabajamos más horas que el resto de países, además con peores resultados, por lo que la conclusión es que nuestra productividad es peor. Además, estos horarios y el exceso de horas trabajadas dificultan la conciliación de la vida profesional con la personal.

No es sostenible que un país trabaje más horas que los de su entorno europeo pero produciendo mucho menos. España tiene una jornada laboral larga, poco fructífera y es uno de los países que menos duerme de Europa. Además es uno de los países con uno de los mayores niveles de estrés femenino, dada la dificultad de las mujeres para compaginar sus horarios laborales con los familiares. Y por desgracia, muchas empresas y organizaciones colaboran poco o nada para mejorar en este aspecto.

El hecho, tan frecuente para muchos trabajadores, de meter horas extras, aparte de ir contra un horario racional tiene consecuencias para las personas, para su entorno y para la empresa. Hay mucha miopía entre los empresarios, directivos y jefes que creen que el buen trabajador es el que mete horas extras. Estos dirigentes no han pensado, ni un minuto, en las consecuencias que este hecho tiene.

No es racional que día tras día se trabajen horas extras. Cuando esto es una excepción debido a una causa puntual, no tiene la mayor importancia. El problema comienza cuando este hecho se convierte en algo habitual y casi diario.

Que tiene sus consecuencias. La persona que va por este camino, probablemente obligada por el entorno, lo primero que pierde son los compromisos relacionados con sus “áreas de responsabilidad”. Es decir:

  • Deja de lado el ocio.
  • Abandona el deporte si es que lo practica.
  • Las relaciones familiares se ven resentidas ya que llega tarde a casa y según que circunstancias, ni tan siquiera ve despiertos a los hijos.
  • No tiene tiempo ni espacio para desconectar, con lo que al final descansa mal, y como consecuencia, al día siguiente vuelve al trabajo cansado desde antes de comenzar con sus obligaciones.
  • El español duerme 53 minutos menos que la media europea y eso repercute, además de en su trabajo, en la siniestralidad laboral.

Como consecuencia, hay demasiada gente que duerme poco y mal, y no tiene vida, familiar o social, después del trabajo.

Estas situaciones no favorecen para nada el trabajo de las personas. La toma acertada de decisiones se ve resentida por el cansancio y estrés que esto ocasiona. La productividad, la efectividad y la creatividad de estas personas cae, pero nadie se para a pensar en estas consecuencias y se sigue pensado que es necesario trabajar mucho aunque sea mal.

Es un hecho que en las economías más avanzadas de Europa, la productividad viene de la mano de una jornada laboral mucho más corta que las de los países menos desarrollados y productivos. “Trabajar mejor para trabajar menos”. En España, en general, tampoco se trabaja por objetivos, sino por cumplir y que te vean cumplir un horario laboral mastodóntico, disparatado con dos,  tres o más horas para comer. Se empieza más tarde, incluso se desayuna en el trabajo y como consecuencia se termina de trabajar mucho más tarde. Además, por mediocres que sean, los jefes acostumbran a ser casi como pequeños dictadores que no necesitan dar explicaciones, lo que buscan es el presencialismo, aunque éste sea de muy baja efectividad.

horarios de trabajo

¿En cuántas empresas, y sobre todo hacia el final de la jornada, se da lo que yo describía en un artículo como “ausentismo presencial”? Donde se da el fenómeno que califiqué de “sillas vacías pero calientes”. Esto se da  cuando un trabajador calienta la silla porque está en la empresa, pero no trabaja porque su mente está a esa hora en otro sitio.

¿Nos hemos preguntado por qué los partidos de la Champions empiezan a las 20.45? Porque en el resto de Europa, se sale de trabajar para las 18.00 o antes. Esto les permite a hacer sus compras o gestiones, ir a su casa temprano, disfrutar de su familia, y cenar a tiempo para una vez acostados los niños, poder dedicar un rato a sus hobbies,  ver la película de la tele o el partido de la Champions. Y sobre todo acostarse más temprano. Sin embargo aquí, hay partidos de la liga nacional, entre semana, que empiezan a las 22:00. Pero también pasan otras cosas, como cuando los directivos españoles vuelven de comer, y a media tarde de su jornada laboral llaman a sus colegas europeos, no olvidemos de la importancia que tienen las exportaciones españolas a Europa, lo normal es que los encuentren a punto de recoger su mesa de despacho y les tengan que volver llamar a la mañana del día siguiente porque ya no les atienden.

Esto es España, y en este aspecto somos los raros en un entorno de países en los que  la norma es empezar a trabajar más temprano para salir antes del trabajo, y en los que la eficiencia y el trabajo por objetivos prima sobre la cultura del presencialismo. Aquí, no. Las eternas y rígidas jornadas laborales que arrastramos desde hace ya muchos años perviven en un mundo en el que las tecnologías permiten trabajar a distancia y en el que cada vez más hombres y mujeres aspiran a compartir los trabajos del hogar, incluidas las obligaciones relativas al cuidado de los hijos.

Deberíamos saber que, para la mayoría de las personas, tener un buen horario de trabajo hace que aumente su idea de que tiene un buen empleo, con las consecuencias positivas que esto tiene  en cuanto a productividad, motivación y lealtad hacia su empresa.

Muchos expertos, algunos empresarios y, sobre todo, los trabajadores están de acuerdo en que es necesario dar un importante cambio de rumbo para coincidir más con los horarios de nuestros vecinos europeos. Para ello es necesario un cambio radical en la mentalidad de muchas personas que toman decisiones. Que se den cuenta de que nuestra forma de trabajar no es buena para nuestra salud y además ni siquiera es más productiva. Es necesario que vean las ventajas del trabajo flexible, del horario racional, de tener vida después del trabajo.

Pero para poder implementar el cambio horario, primero es necesario un cambio cultural en muchas empresas, de manera que centren sus estrategias en la fijación de objetivos y en los resultados obtenidos, reemplazando la cultura imperante del control presencial y adicción al trabajo de los empleados. Deberían empezar los directivos por dar ejemplo, empezando antes a trabajar y finalizando a su hora, para poder disfrutar de su ocio y de su familia, lo que facilitará que sus subordinados hagan lo mismo.

En mi entorno muy cercano tengo dos trabajadores del conocimiento. Uno entra a trabajar a las 07:30 y sale a las 16:30 tiene todos los días una hora para comer y los viernes trabaja hasta las 14:00. El otro empieza su trabajo a las 09:00 y termina a las 20:00 con dos horas para comer, el viernes sale en teoría de trabajar a las 15:00. ¿Qué horario preferirías para vosotros?, ¿Cuál os parece más racional?, ¿cuál os permitiría disfrutar más de vuestra vida familiar?…

 

José Ignacio Azkue

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