Tener un sistema de productividad, o no tenerlo; he ahí la cuestión ¿tú lo tienes? ¿qué tal te funciona?

Hace ya unos cuantos años, cuando éramos  chavales, recuerdo a mi padre cada vez que salíamos de excursión o de viaje en el pequeño utilitario que tenía.

Días antes empezaba con el ritual de preparación del viaje. Revisaba las ruedas. La presión de las 5, porque no olvidaba ni la de repuesto. Miraba el nivel del aceite y, por si acaso, siempre llevada una lata, no fuese a ser necesario añadir algo al cárter durante el viaje. Llenaba el depósito del agua del limpiaparabrisas y le añadía un poco de vino blanco, era su gran truco para quitar la grasa del cristal, ya que entonces no había los detergentes de hoy en día. Por supuesto llenaba el depósito de combustible hasta arriba.

La víspera siempre sacaba su gran mapa. Revisaba el viaje, apuntaba el itinerario y nos explicaba a mí y a mis hermanas por dónde íbamos a pasar: Esta ciudad, aquel pueblo con un castillo, este río que es uno de los más importantes de España. No sé si consciente o inconscientemente nos iba creando una expectativa y una ilusión por ver y pasar por cada uno de aquellos puntos.

Era la preparación de su viaje. Era el método que tenía para asegurarse de que todo iba a salir bien. De que no íbamos a tener imprevistos que nos amargaran el viaje. De que no nos íbamos a perder por carreteras y caminos que no nos llevasen a ninguna parte. En fin, se aseguraba el éxito y además nos hacía disfrutar del viaje.

Un método es  “el modo ordenado y sistemático de proceder para llegar a un resultado o fin determinado”. Por tanto, todos deberíamos tener un método de trabajar para lograr un resultado. Seguro que en cualquier empresa, para producir un bien, tienen un método. Habrá un proceso en el que, con un orden estudiado, meditado y contrastado se ponga en juego una serie de elementos para lograr ese bien que queremos producir. Además, con una calidad previamente definida.

Bien: ¿Cuántos trabajadores del conocimiento tienen un método estudiado, meditado y contrastado para realizar su trabajo diario?, ¿Cuántos van a trabajar sin saber qué van a hacer a lo largo del día?, ¿Cuántos pasan su jornada improvisando con cada nuevo requerimiento que se les presenta?, ¿Cuántos tienen la sensación de que su trabajo es una carrera de obstáculos que no le lleva a ninguna parte? En fin: ¿cuántos no tienen un método para gestionar su trabajo y su vida?

Todos los que se identifiquen con estas preguntas ¿tienen un método? Si la respuesta es afirmativa deben de pensar en cambiarlo ya que no les sirve. Los que tengan una respuesta negativa, y creo que serán muchos, deben de pensar en buscar y aplicar algún método que les permita trabajar de manera relajada y sin estrés. Esto que puede parecer una utopía es posible.

El problema de los métodos es que, según cambia la naturaleza del trabajo, muestran dificultades  para adaptarse a los nuevos cambios. Es lo que ha pasado con la gestión del tiempo, un método que era válido hace unas décadas pero que resulta insuficiente, y yo me atrevería a afirmar que nefasto, hoy en día.

GTD es un método, y lo es porque posee unos procedimientos que te ayudan a controlar el flujo de trabajo y a elegir con perspectiva tu próxima tarea a realizar.

Pero es más que un método. Tiene algo de sofisticado y diferenciador al proporcionarte un contexto que te ayuda a descubrir lo que tienes delante, que te representa tus compromisos como si fuese  un mapa y pudieses ver  el camino a recorrer para llegar a tu destino.

Más que  de un sistema, GTD se trata de un acercamiento sistemático a todos tus compromisos incompletos. Los sistemas y los métodos siempre tienen fecha de  caducidad, ya que terminan por no adaptarse a los nuevos requerimientos. Sin embargo, un acercamiento sistemático se vuelve flexible y adaptable con el tiempo y las circunstancias cambiantes.

Como dice David Allen, la sutil efectividad de GTD consiste en que se basa en el sentido común de un inventario completo y actualizado de todos tus compromisos, organizado y revisado sistemáticamente, que te permite concentrarte fácilmente, mirar en tu entorno y elegir de manera fiable qué  hacer  y qué no hacer en cualquier momento.

¿Cómo es tu método de trabajo?, ¿te ayuda a trabajar eficazmente?, ¿es válido hoy en día?

 

José Ignacio Azkue 

 

 

 

4 comentarios
  1. Susana Isabel Fernández Capittini
    Susana Isabel Fernández Capittini Dice:

    Hola José Ignacio,

    Hace días que quiero leer este artículo tuyo, falta de tiempo me lo ha impedido, pero ahora sí, llegó el momento , y no me arrepiento, qué exclente introducción, me encanta como escribes. Aparte de eso, tienes mucha razón , la improvisación es moneda corriente en en la actualidad, nuestros padres no dejaban nada librado al azar. En un momento tan crítico y competitivo como el que estamos viviendo no nos podemos permitir este accionar. No es tan difícil, todo es cuestión de adiestramiento y disciplina. Tu contribución es de lujo. Un abrazo.13 33

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    • Depro consultores
      Depro consultores Dice:

      Muchas gracias Isabel.
      Es un placer tener lectoras como tú. El problema de hoy en día es que tenemos en tres días más inputs que nuestros padres en varios meses. Para ellos la preparación, el tener un método era más fácil, pero probablemente también menos necesario que para nosotros.
      No nos damos cuenta, pero la vorágine en la que vivimos, no nos da opción para pensar mucho. Precisamente es eso lo que deberíamos hacer. Pensar y para ello es necesario un método. Cuando nos detenemos y pensamos, es cuando nos damos cuenta de lo que de verdad debemos hacer, de lo que nos importa y nos hace avanzar, pero también veremos lo que nos frena. Sabremos por qué hacemos lo que hacemos y lo que es tan importante o más. Por qué no hacemos lo que no hacemos.
      Un saludo amiga.

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