La suma de pequeños actos cotidianos te puede llevar muy lejos

La grandeza de la vida no está reservada a ninguna minoría de privilegiados y, que parece ser, que tienen la suerte de haber sido tocados por la Diosa Fortuna que les permite, gracias a sus cualidades, hacer grandes cosas y lograr alcanzar envidiables metas. Como explicaba en el anterior artículo, envidiamos a unos pocos que son capaces de vivir como leones y que son admirados por el resto de los mortales por sus actos, por lo que logran y, por el contrario, la mayoría siente su vida vacía rodeada de mediocridad y actúan y viven como ratones.

No tengo duda y así lo explicaba que todos podemos lograr grandes cosas, la dificultad está en planteárnoslo adecuadamente, proponérnoslo y por último en actuar. Sí, como manifestaba en dicho artículo, es imprescindible decidirnos a plantearnos objetivos y metas que queramos lograr, pero la parte fundamental recáe en la acción ya que sin ésta no hay posibilidad de alcanzar ningún objetivo.

Si queremos conseguir lo que nos propongamos, lo que alcancemos será gracias a la realización de pequeños actos cotidianos que tengan que ver con eso que nos hemos propuesto. Pero eso si, para ello necesitaremos constancia y llevarlos a cabo día a día, sin dejar ninguna jornada a la improvisación y al caos a los que tan acostumbrados nos tienen el trabajo de hoy en día.

La perseverancia es trabajo duro que haces después de cansarte dek trabajo duro que hiciste” Newt Gingrich.

Una vida estupenda que nos llene de satisfacción y resultados no es más que una serie de días estupendos, bien vividos, productivos, uno de tras de otro, que se hilvanan como las cuentas de un collar precioso. Del modo en que vivas tus días, del modo en que actúes cada día, así será tu vida y tus logros. De los pequeños actos cotidianos saldrán las cuentas de tu collar y éste será el que adorne tu existencia.

He conocido a muchas personas que no eran capaces de visualizar esos pequeños actos diarios, y como no los tenían identificados se dedicaban día tras día a reaccionar a todo lo que les llegaba y, se aplicaban con todas sus fuerzas en estar ocupadas durante toda la jornada para tratar de adormecer a su ego, justificando así que no tenían tiempo para lograr hacer más cosas y, también, poder calmar su conciencia escocida porque, al final, eran conscientes de que ese no era su camino y de que algo les fallaba ya que, lo que realmente les importaba, de manera recurrente se les quedaba atrás.

El estar ocupado no es la solución, el hacer por hacer no te lleva a ninguna parte, salvo a estar distraído y probablemente estresado, si lo que haces no tiene un fin muy claro. La mayor dificultad para muchas personas es transformar esos deseos de lograr algo, esas metas, esos objetivos, en tareas concretas, en acciones que se puedan fácilmente visualizar y que ayuden en la difícil tarea, que todos tenemos, de elegir de manera correcta, lo mejor que se pueda hacer en cada momento.

Esta dificultad de transformar nuestros deseos en tareas viene como consecuencia de que, en general, se confunde la tarea o tareas que hay que hacer con lo que se quiere obtener.   

Un conocido y amigo mío identifico, cuando desde hacía tiempo era más que evidente, que necesitaba adelgazar.  Su idea era que quería quitarse de encima una serie de kilos. Sabía lo que quería alcanzar, pero no lo ponía en práctica. La razón era que no veía con claridad por dónde empezar, creía que lo que tenía que hacer era adelgazar, cuando en realidad eso era lo que debía lograr. Al final tras mucho posponer el elemento clave, que no es otro más que pensar sobre lo que debo hacer para lograr un resultado al que quiero llegar, empezó a hacer pequeñas cosas, no por su tamaño, sino porque eran acciones concretas que tenía un quehacer físico visible y que por tanto eran mucho más fácilmente realizables.

El gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes” William James.

Visitó a un médico, buscó a un conocido que le aconsejo un dietista, empezó a habituarse a llenar menos el plato, todos los días antes de acostarse metía en una pequeña mochila calzado y ropa deportiva, todos los días se llevaba la mochila al trabajo y de esta forma al terminar su jornada se cambiaba de ropa y volvía a casa andando, haciendo unos kilómetros de ejercicio. Transformó su deseo en tareas concretas, accionables y fáciles de llevar a cabo.

Supongamos que este conocido se acaba de acordar que tiene que preparar la reunión mensual de seguimiento comercial. No voy a volver a entrar en el proceso que debería seguir de recopilar esta idea con todo lo que vendría detrás. Preparar esa reunión es el resultado que esta persona busca, pero en realidad no es una acción que se pueda hacer para tener el tema resulto, sino que, para ello, para alcanzar el resultado deseado, será necesario la suma de pequeñas acciones todavía por concretar.

Como consecuencia, al haber una indefinición de las cosas a realizar, este resultado que se busca quedará fácilmente pospuesto, ya que no es una acción real, física y, por tanto, resultará difícil que se le dedique la atención necesaria. Lo más probable es que aparecerá en la conciencia de esta persona cuando menos lo espere y, se le hará presente en la mente preocupándole, distrayéndole y estresándole porque sabe y es consciente de que está sin completar.

Así, además, es muy probable que esta reunión se quede sin preparar hasta que, a última hora, cuando no haya más remedio y con la premura habitual, se empiece a ocuparse de ella con prisas y, como siempre, se tenga que recurrir a algún compañero para pedirle ayuda o, por ejemplo, los datos, que necesita para prepararla. Es la clásica petición que llega y se pide por favor y con urgencia y, que lleva implícita el sabotaje del trabajo de los demás. La consecuencia más clara, es que se realizará este trabajo estresado y con peor calidad de la que merecía.

Tu trabajo es descubrir tu trabajo y entonces dar todo tu corazón por él” Buddha.

Si en vez de darle vueltas al resultado sin hacer nada, se piensa, a su debido tiempo, en las pequeñas cosas a realizar, sin duda será muchos más fácil entrar en acción, por ejemplo: mandar un e-mail a los comerciales para solicitar a cada uno sus datos mensuales, introducir los datos en un Excel, comunicar por e-mail el resultado mensual a gerencia, preparar la presentación con las diapositivas correspondientes, preparar la convocatoria, enviarla a los que vayan a asistir, reservar fecha en el calendario corporativo, reservar una sala para la reunión, etc.

Identificar esas acciones que nos acercan a lo que deseamos lograr serán las pequeñas acciones que formarán las perlas de nuestro collar. Reconocer la importancia de desgranar en acciones concretas lo que se quiere conseguir, hará que esas pequeñas cosas cambien nuestra forma de trabajar.

Para sacar lo mejor de la vida no hace falta hacer grandes cambios ni llevar a cabo una transformación radical. Basta con que todos los días nos centremos en identificar los pequeños actos necesarios para lograr nuestros deseos, una vez hecho esto, llevarlos a cabo es mucho más fácil y cambiarán nuestro trabajo y nuestra vida.

 

 

José Ignacio Azkue

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *