¿Por qué casi siempre las buenas ideas son de otros?

¿Cuántas veces nos hemos realizado esta pregunta después de oír una brillante idea, o después ver el resultado que se obtiene mediante una de ellas? Tal vez la hayamos escuchado en una reunión de trabajo, donde un compañero ha destacado con una aportación sobresaliente. O tal vez nos haya venido la pregunta como consecuencia de comprobar el éxito multimillonario que ha generado una aplicación detrás de la cual había una genial idea.

¿Qué ocurre en nuestra cabeza para que las ideas las tengan otros y nosotros no?,¿qué extraño proceso se tendría que dar para que éstas surgiesen de mi mente en vez de en la de otros? Tal vez sea porque…

Ideas geniales han existido siempre, incluso hay muchos casos en los que la misma idea se atribuye a dos personas distintas, separadas por grandes distancias y en épocas en las que la comunicación era muy lenta y relativamente difícil, por lo que se supone que no se copiaron las ideas. Ejemplos hay muchos, como es el caso de los  famosos matemáticos y físicos Newton y Leibniz, quienes comparten la paternidad de la idea del desarrollo del cálculo integral y diferencial, idea que utilizaron ambos para formular sus leyes de física y que hoy en día estudian nuestros jóvenes en las escuelas.

Antiguamente, incluso no hace tantos años, las buenas ideas siempre estaban relacionadas con personas con cultura, con estudios. Algunas de estas personas brillaban por sus ideas, y su fama ha llegado hasta nuestros días.

Volvamos al célebre Isaac Newton y la famosa manzana que le golpea la cabeza, y que, tras meditar sobre ello, desarrolla la teoría sobre la gravedad. ¿Inteligencia o creatividad?, o ¿tal vez las dos cosas?

 “La creatividad no consiste en una nueva manera, sino en una nueva visión”. Edith Warton

No vamos a poner en duda la genialidad e inteligencia de este célebre personaje, ni tampoco su creatividad, pero para tener buenas ideas el componente esencial y necesario es la creatividad.

Desde siempre se ha pensado que las personas más inteligentes son las más creativas, pero hace ya años se viene demostrando que esta posición es incorrecta, ya que no existe una relación clara entre inteligencia y creatividad. Estudios realizados por Getzels y Jackson y corroborados por otro de Torrance, allá por el año 1962, señalan que la inteligencia y la creatividad son independientes.

Por inteligencia podemos entender “saber elegir”, es decir, que la inteligencia es la cualidad que nos permite elegir las alternativas que aporten la solución más adecuada a un problema que se nos plantea.

Pero la creatividad sería la capacidad de visualizar algo en nuestra mente para poder luego crear cosas nuevas que nos sean útiles o que nos aporten riqueza, belleza, felicidad, entre otras cosas y otros sentimientos.

La inteligencia se desarrolla a través de un esfuerzo mediante el cual adquirimos conocimientos y experiencia sobre diversas materias,  pero una persona puede ser creativa sin necesidad de haber adquirido formación alguna. Por tanto, podemos afirmar que la creatividad es una cualidad innata a la condición humana.

En la actualidad, y en el caso del trabajador del conocimiento, la inteligencia pasa a ser una cualidad imprescindible para el buen fin de su trabajo. Pero no deja de ser menos cierto que la creatividad es tan necesaria como la inteligencia, ya que el trabajo está continuamente necesitado de ideas y soluciones ingeniosas que aporten valor.

La creatividad no se produce dentro de la cabeza de las personas, sino en la interacción entre los pensamientos de una persona y un contexto sociocultural” Mihaly Csikszentmihalyi

El investigador y psicologo Csikszentmihaly afirma en sus estudios que, por lo general, en nuestro cerebro se dan dos tipos de reacciones contrapuestas. Mientras  una parte pugna por llevarnos por el camino del mínimo esfuerzo, otra lo hace para que las exigencias de la creatividad nos lleven a realizar continuos esfuerzos mentales.

Según él, existen varios tipos de obstáculos que dificultan potenciar la creatividad, pero voy a nombrar solo dos:

  1. El agotamiento por exigencias excesivas, que dificulta el apoderarnos de nuestra energía psíquica y activarla.
  2. Nos distraemos fácilmente, con lo que tenemos dificultad de proteger y canalizar nuestra propia energía.

En la actualidad, y en el caso del trabajador del conocimiento, la inteligencia pasa a ser una cualidad imprescindible para el buen fin de su trabajo. Pero no deja de ser menos cierto que la creatividad es tan necesaria como la inteligencia, ya que sus obligaciones están continuamente necesitando de ideas y soluciones ingeniosas que aporten valor.

“La creatividad es el resultado de un duro y sistemático trabajo”. Peter Drucker

Pero nuestro cerebro necesita de paz y relajación para poder dar rienda suelta al camino de la creatividad. El trabajo y su naturaleza actual aportan todos los ingredientes necesarios  para que estas necesidades  sean muy difíciles de alcanzar.

Además, traicionamos continuamente esta carencia de paz interior gestionando mal, de manera reiterada, nuestros compromisos y quehaceres. Sobrecargamos nuestra cabeza con temas pendientes de resolver, con lo que nuestros niveles de ansiedad y estrés se disparan.

Igualmente, al no utilizar un método que nos permita liberar a nuestra mente de la obligación de gestionar nuestros compromisos de manera externa y eficaz, la agotamos. Esta mala gestión nos obliga a un sobreesfuerzo mental inútil y contraproducente, que no aporta nada de valor sino todo lo contrario, que afecta negativamente a nuestra eficacia a la hora de trabajar y a nuestra creatividad por agotamiento.

Pero, y no es la primera vez que escribo sobre ello, esta mala gestión de nuestros compromisos nos provoca continuamente olvidos, descuidos, incumplimientos, errores, despistes y sobre todo desorden. Como afirma David Allen en sus libros “la mente te recordará las cosas cuando probablemente no puedas hacer nada por ellas”,  lo que nos provocará continúas distracciones.

Como vemos, si no gestionamos bien nuestros compromisos, si no tenemos un método eficaz de hacerlo, nuestra creatividad, tan necesaria hoy para realizar bien nuestro trabajo, se verá tremendamente mermada y afectada. Sus causas: el agotamiento y las distracciones. Evitémoslo, que es posible y realizable, o de lo contrario seguiremos viendo que las buenas ideas son de otros, y que surgen en otras cabezas.

 

José Ignacio Azkue

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