Cómo GTD (Getting Things Done) se convirtió en un modelo de vida, más que en un método de productividad

La verdad es que no recuerdo muy bien como fue mi primer contacto con GTD (Getting Things Done), el método de productividad desarrollado por David Allen. No sé si fue a través de un blog, de alguna noticia que vi o si alguien me hablo de este método. La verdad es que al final cambio mi vida, mi forma de entender mi productividad personal y la manera de focalizar mi atención en las cosas que tengo que hacer.
Con GTD me di cuenta que la Gestión del Tiempo como técnica de productividad estaba obsoleta y como concepto era una falacia. Como David Allen dice, todos recibimos la misma cantidad de tiempo todos los días, lo que diferencia a unos de otros es cómo autogestionamos nuestra atención y sobre qué.
La mayoría de libros de autoayuda terminan por ser difíciles de leer, difíciles de asimilar, difíciles de llevarlo a nuestra realidad y que nos sirvan para avanzar en nuestro desarrollo personal. Lo voy a confesar, esto mismo me ha ocurrido con varios de los libros de David Allen. Sin embargo hay uno que para nada se le puede calificar de esta manera. Su título “Haz que funcione” es un libro fácil de leer y asimilar. Está dividido en dos partes: el flujo de trabajo y los diferentes niveles de perspectiva. Es ameno, tiene muchos y buenos ejemplos y su traducción es realmente buena.
Este libro, creo que se debería convertir en libro de cabecera, para todo aquel que quiera convertir a GTD en su método de productividad y forma de vida.
Es un método muy sencillo de aplicar. Como David Allen dice, basta con lápiz, papel, un calendario y unos archivadores para ponerlo en marcha y llevarlo a la práctica. Hoy en día existen numerosas aplicaciones informáticas que nos ayudan a gestionar el flujo de trabajo y mantener el foco en nuestra perspectiva. En la realidad, además se necesita cambiar o adquirir unos hábitos que nos permitan mantener vivo todo el sistema. El problema real es desarrollar estos hábitos para mantenerlo en funcionamiento.
El flujo de trabajo básico consiste en:
Recopilar las cosas que llaman tu atención. Capturar todo aquello que consideres inacabado en un sistema lógico y de confianza, fuera de tu cabeza.
Procesar, es decir qué significan para ti y qué tienes o quieres hacer con cada una de las cosas que has recopilado. Decidir qué debes hacer, si es que hay que hacer algo, para progresar en su consecución.
Organizar cada una de las cosas procesadas en distintas listas, según requieran acción o no, o según cuál sea tu nivel de compromiso con ellas, de esta forma podrás volver a ellas cuando sea el mejor momento para hacerlas.
Revisar con la periodicidad necesaria todas las listas y tus niveles de perspectiva, para que tu sistema funcione y permanezca actualizado.
Hacer, el fin de este método es que te resulte sencillo hacer las cosas que debas hacer y que las hagas precisamente en el momento más adecuado para su realización.
En otro momento hablaremos de los diferentes niveles de perspectiva. Es decir, hacer las cosas que realmente tengan importancia y un significado para nuestra vida. Estos niveles comprenden desde tu trabajo diario, pasando por el corto, medio, largo plazo hasta llegar al más alto nivel que representa tu propósito y principios de vida.

 

José Ignacio Azkue

 

 

 

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